Vestirse por capas. Primera y segunda capa.

No es un sistema nuevo, ni es un cambio de paradigma, ni es revolucionario, pero es cómodo y versatil.

Es el sistema de vestimenta por capas.

La ropa que utilizamos nos nos da calor. Da igual el grosor, el tejido o el precio. No da calor. Lo que sí hace es evitar que se pierda. El cuerpo es una máquina, y como tal, genera calor. Este calor se disipa en la atmósfera de varias maneras, entre ellas, la convección. Es decir, el aire que rodea nuestro cuerpo se calienta. Este intercambio de temperatura enfría el cuerpo. En verano es estupendo, así nos refrigeramos, pero, en invierno, nos obliga a “forzar la máquina” para generar calor que a su vez es “robado” por el aire que nos rodea.

¿Cómo evitamos esta pérdida de calor? Vistiéndonos. Vale, es de perogrullo, pero es así.

Si ponemos una capa de ropa encima del cuerpo, estamos impidiendo que todo el calor se disipe. Con nuestro cuerpo calentamos el aire que hay entre la piel y la primera capa, generando un microclima. Por lógica es más fácil calentar una cantidad pequeña de aire que un volumen grande. Con la técnica de capas creamos pequeñas cámaras de aire superpuestas, eso nos permite utilizar prendas más finas y más ligeras, que son preferibles  a un abrigo gordo y holgado.

Pero, esta cámara de aire, se calienta por un lado y pierde temperatura por el otro, así que, añadimos otra capa por encima de la primera. ¿y así sucesivamente? Más o menos.

Si nos echamos encima ocho o diez capas, seguramente estaremos muy calientes, pero tendrán que llevarnos rodando, no podremos doblar las rodillas ni los codos.

Se ha establecido la media de capas en tres. Una interior, ajustada al cuerpo, con características hidrofilas/hidrofóbicas. Es decir, absorbe la humedad generada por el sudor y la envía hacia el exterior. Mantiene la piel seca.

La segunda capa, intermedia, es la “capa caliente”.  Su grosor minimiza la transferencia de temperatura entre la cámara de aire interior y el exterior. En esta capa es donde encontramos los forros polares, ya que su construcción “cepillada” genera oquedades que mantienen el calor.

También se incluyen aquí los “plumas” o las chaquetas de Primaloft. En ambos casos el sistema es el mismo que en los polares tradicionales, multitud de oquedades que aumentan la superficie de almacenamiento de aire caliente. Siendo la compresibilidad una ventaja considerable a la hora de almacenar y tansportar estas prendas.

Tienen una increible relación peso-calor-volumen, que las hace ideales para climas fríos o para tenerlas a mano en las reuniones o al caer la tarde. En su contra, la “fragilidad” del tejido, es el precio que hay que pagar para conseguir compresibilidad y ligereza.

Con estas dos capas, y si no sopla el viento, nos encontramos bastante protegidos del frío.

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  1. Pingback: Vestirse por capas. La capa exterior. | El blog de Anayet Vertical

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