¿5,10?

Aviso: las imágenes que váis a ver a continuación, pueden hacer que os sintáis mayores.

 

[vimeo]http://vimeo.com/29066466[/vimeo]

Lead Climbing 5.10b @ the age of 4 from Belay Cafe on Vimeo.

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Comienza el frío. ¿qué hacemos con los peques?

Está terminando el verano, y poco a poco, el frío entrará en nuestras vidas.

Los días acortan, las temperaturas irán cayendo y comenzará a nevar. El aire es más frío y nos obliga a cubrir las partes descubiertas del cuerpo.

Esto, que los adultos sabemos hacer, cobra especial importancia cuando vamos con niños.

Los niños perciben, sienten y “sufren” los cambios de temperatura de manera diferente a nosotros.

Es conocida esa frase de “la chaqueta es esa prenda que se pone a los niños cuando la abuela tiene frío”.

Por supuesto, lo que no podemos hacer es dejar a la prole “calentita en casa” mientras nos vamos al monte. Para ellos es una aventura descubrir los cambios que produce cada estación en la montaña, jugar con la nieve, arrastrar los pies entre las hojas del bosque… Y, sobre todo, debemos pensar que el frío no les hace daño, ¿o acaso no nacen niños en Noruega?

Pero, no podemos descuidarnos, son nuestra responsabilidad. Y los niños, por la relación de superficie y temperatura, sufren más los efectos del frío.

Así que, desde mi experiencia, me permito dar unos pequeños consejos:

 

  • Cuidado de la piel; su piel es más delicada que la nuestra, así que debemos protegerla. Crema solar de alta protección (con especial atención, cuando estemos en la nieve, a la barbilla, orejas y nariz, el reflejo también es dañino), protector labial (ojo, la vaselina es buena por la noche para regenerar, pero durante el día, con sol puede quemar los labios). Cuidado con la nariz y los mocos, el uso continuado de pañuelos de papel, puede llegar a causar irritación.
  • Los ojos, protegerlos es tan importante o más que en verano. Gafas de sol “buenas”, que con la vista no se juega.

Y, para el final, el apartado que puede ser más importante, la ropa.

Los niños se mueven mucho, van, vienen, suben, saltan, corren… La mejor opción es vestirlos por capas y combinar durante el día.

A primera hora seguramente hará fresco; camiseta, forro y chaqueta exterior y, sobre todo, que no sea demasiado ajustada ni demasiado amplia. Cuando comenzamos a andar, la chaqueta le hará sudar. Incluso es posible que llegue a sudar y a molestarle el forro. Pero tenemos que estar atentos para que vuelva a abrigarse en cada parada, el sudor puede enfriarse rápidamente. Los guantes, imprescindibles. Y, si vamos a pisar nieve, muy atentos a la impermeabilidad y al aislamiento térmico de las botas.

Y, sobre todo, mucha atención a los pasajeros de los portabebés. No se mueven apenas y suelen dormirse. En estos casos, hay mucha diferencia de temperatura entre porteador y porteado. Mientras los porteadores casí sudan en las cuestas, la inmovilidad del viajero puede ser peligrosa.

La hidratación, como en toda actividad es importante. Podemos llevar un termo con alguna bebida caliente que les guste; leche, batido, caldo…

Esto lo he aprendido poco a poco. Hay que decir que ninguna de mis hijas se ha visto dañada mientras adquiría esta experiencia, y que, ver como disfrutan paseando con raquetas, me reconforta de “los desvelos” que me han causado.

¿Y tú, qué haces con los peques cuando empieza el frío?

 

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¿A qué edad empezamos a escalar?

Ayer vi a un pequeño, con poco más de un año, lo justo para andar, intentar subirse a una pared.

Lo siguiente que hizo fue trepar, gateando, por un tobogán.

Es hijo de una amiga, escaladora, así que piensas; “de casta le viene…”, “te habrá visto montones de veces…”. Pero no, la experiencia propia demuestra que no es así, que no es necesario que un niño vea escalar para que quiera hacerlo.

Parece que la pulsión por trepar es algo innato en nuestra naturaleza. Pasamos de gatear a agarrarnos a una silla para erguirnos y andar. Está claro que el siguiente paso es intentar subirnos a la silla. Y aquí es donde encontramos el condicionamiento paterno (o de las abuelas, que son “mucho de proteger”), si nos permiten subir a la silla intentaremos ir más arriba. Si nos bajan de la silla, recriminándonos, es posible que no queramos repetir.

Es cierto, también, que los niños hacen lo que ven. Pero cuando quieren.

Me estoy acordando de Jon Cruces, hijo de Jonás, que escaló la “Directa Hermanos Martínez” al Urriellu, ¡con cinco años!

 

Foto de Jonás Cruces.

Jonás, su padre, comentaba que el pequeño le acompañaba a escalar, pero que nunca le obligó a subirse. Que el pequeño decidió hacerlo cuando quiso.

Aunque, no es el único que empieza joven.

Y hay niños que se convierten en “auténticas máquinas”, como Shawn Raboutou, que ha encadenado Welcome to Tijuana, 8C, con trece años.  Claro, que a este la genética le ha ayudado un poco, es hijo de Robyn Erbersfield y de Didier Raboutou.

 

Y, ¿qué podemos hacer los humanos con nuestras criaturas?

Está claro que a todos nos gustaría que, poco a poco, siguieran (y mejoraran) nuestros pasos. Pero corremos el riesgo de abrumarles.

Así que, no obligarles a ir, subir, bajar… Que ellos puedan marcar sus tiempos.

Y que se lo pasen bien. Que sea un juego, no una obligación.

Recuerda que son frágiles, sienten frío, cansancio y se aburren. Y cuando están así, sienten más frío, más cansancio y más aburrimiento del que puedes imaginar.

La sonrisa, al final del día, es una estupenda recompensa.

Aunque no sabemos lo que nos van a deparar las próximas generaciones:

 

 

 

 

 

 

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ISSARBE. 1.565 mts.

Todos los amantes de la montaña pensamos lo mismo; ” Quiero que a mis hijos les guste la montaña tanto como a mi”.

Desde que pueden sujetar la cabeza, embutimos a nuestras criaturas en mochilas portabebés y les paseamos por el monte.

Pero, el tiempo, inexorable, pasa. Y esos bebés que dormitaban en las mochilas, se hacen grandes, aumentan de peso y adquieren capacidad de caminar de forma autónoma.

Esta circunstancia, que nos llena de “orgullo y satisfacción” comienza a complicarnos la vida. los recorridos tienen que adaptarse a sus posibilidades, antojos y necesidades. Además de resultarles interesante y adecuada, para que tengan ganas de volver otra vez a la montaña.

Cada excursión se convierte en un trabajo de investigación, cálculos de tiempos y sobre todo, de imaginación. Porque los niños van por el monte, pero no les gusta andar. “Escalan”, pero no quieren subir…

Durante este trabajo de investigación, he encontrado una excursión interesante: la ascensión al Issarbe, algo más de 1.500 metros con unas magníficas vistas.

El pico da nombre a una estación de esquí nórdico en Aquitania (Francia). La manera más cómoda de llegar a ella es desde Isaba, cruzando la frontera. Pasamos la Pierre Saint Martin y vamos siguiendo la señalización.

 

 

Hasta llegar a la Estación de esquí de Issarbe.

 

 

Una vez en el parking de la estación, dejando los edificios a nuestra espalda, el pico Izarbe se muestra ante nuestros ojos.

El camino, parte hacia la derecha, bordeando la ladera para girar a la izquierda despues de la primera loma.

Vamos encontrando carteles con los recorridos de las pistas de esquí y raquetas. Habrá que volver en invierno.

 

 

Aunque el recorrido es corto, apenas 45 minutos, la imaginación para improvisar juegos es parte del equipaje.

 

 

Seguimos,  en un flanqueo evidente hasta el lomo de la montaña. Aquí, un giro a la izquierda nos llevará, por terreno fácil, hasta la cumbre, que nos obsequia con unas excelentes vistas.

 

 

 

Un pequeño almuerzo disfrutando del día y emprendemos la bajada.

Como hemos madrugado, nos acercaremos a las Gargantas de Kakueta.

Un recorrido de dos horas que nos introduce en lo profundo de un precioso cañón, equipado con pasarelas.

 

Un día de actividad con pequeñas montañeras, variado, interesante y no muy agotador.

 

 

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